La hipertensión arterial continúa siendo el principal factor de riesgo modificable para enfermedad cardiovascular, accidente cerebrovascular, insuficiencia cardíaca y enfermedad renal crónica. A pesar de los avances terapéuticos, una proporción significativa de pacientes presenta daño vascular subclínico no detectable mediante la evaluación clínica convencional, lo que limita una adecuada estratificación del riesgo y favorece la ocurrencia de eventos cardiovasculares prevenibles.
La velocidad de onda de pulso (VOP) carotídeo-femoral constituye el método de referencia para la evaluación no invasiva de la rigidez arterial, un marcador precoz de daño de órgano blanco. Numerosos estudios prospectivos y meta análisis han demostrado que un incremento de la VOP se asocia de manera independiente con un mayor riesgo de mortalidad cardiovascular, infarto de miocardio, accidente cerebrovascular, insuficiencia cardíaca y mortalidad total, incluso luego de ajustar por los factores de riesgo tradicionales.
Las guías internacionales más recientes de hipertensión arterial, incluyendo las de la Sociedad Europea de Hipertensión (ESH 2023-2024), reconocen la VOP como un marcador validado de daño vascular y recomiendan su utilización para mejorar la estratificación del riesgo cardiovascular, especialmente en pacientes con riesgo intermedio, hipertensión de reciente diagnóstico, hipertensión resistente, diabetes, enfermedad renal crónica y en aquellos en quienes la decisión terapéutica puede modificarse según el grado de daño vascular.
Desde el punto de vista sanitario, la incorporación de la medición de VOP permite identificar pacientes de alto riesgo que pasarían inadvertidos utilizando únicamente los factores de riesgo clásicos. Esto favorece una intervención terapéutica más precoz e intensiva, optimiza la selección del tratamiento antihipertensivo y contribuye a reducir la incidencia de eventos cardiovasculares mayores, internaciones y sus elevados costos asociados.
La medición de VOP es un procedimiento no invasivo, rápido (5–10 minutos), reproducible, seguro y bien tolerado por los pacientes.
Su realización no requiere radiación, medios de contraste ni preparación especial, pudiendo integrarse fácilmente a la evaluación habitual del paciente hipertenso en consultorios especializados.
Considerando la sólida evidencia científica disponible, su reconocimiento en las guías internacionales y su potencial impacto en la prevención cardiovascular, la cobertura de la medición de la velocidad de onda de pulso representa una estrategia costo-efectiva para optimizar la atención de los pacientes con hipertensión arterial. Su incorporación como prestación diagnóstica permitirá mejorar la detección precoz del daño vascular, individualizar el tratamiento y contribuir a disminuir la carga de enfermedad cardiovascular y los costos derivados de sus complicaciones.